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LA RESPONSABILIDAD DEL UNGIDO

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LA RESPONSABILIDAD DEL UNGIDO

Mensaje  Webmaster el Mar Ene 25, 2011 9:06 am

LA
RESPONSABILIDAD
DEL UNGIDO
“Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén” (1 S. 17:15).
Introducción
A pesar de su posición como músico en la corte del rey Saúl, y de su prestigiosa promoción como paje de armas, David nunca se olvidó de su humilde posición como pastor de ovejas en los campos de Belén.
Entre sus nuevas responsabilidades sabía intercalar su responsabilidad primera, que era la pastoril. David tenía corazón de pastor y en cada oportunidad que podía lo manifestaba. El llamado original de Dios a nuestra vida nunca debe olvidarse por las posiciones y las promociones.
I. La ocasión
“Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo” (17:4).
El gigante Goliat, campeón de los filisteos, cuya estatura era de casi tres metros. En su condición de campeón invicto de los filisteos, desde Soco y Azeca, retaba al pueblo de Israel en busca de un contrincante.
Su estatura y sus aparejos militares (17:5) se sumaban a su impresionante y amenazante apariencia. El diablo sabe apelar a lo externo para atemorizar a los hijos de Dios.
Los Goliat de nuestra vida buscan ocasión para hacer gala de su intimidación. Les gusta pararse desafiantes delante de nosotros. El temor es el arma más cortante de Satanás. El diablo lo que busca es el lugar y la oportunidad para manifestarse. Efesios 4:27 nos recuerda: “ni deis lugar al diablo”. La palabra griega que se traduce “lugar” es topos e implica darle permiso al diablo para controlar las acciones del creyente.
II. La expresión
“Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí” (17:Cool.
Goliat era un “bocón”, un palabrero. Sabía emplear muy bien las palabras para sembrar miedo y temor en los oídos de los que les faltaba unción. Cuando falta unción del Espíritu Santo, se les cree al diablo y sus demonios todo lo que dicen. Los ungidos no le prestan atención a las palabras del diablo.
Goliat le cuestionó al pueblo de Israel su posición de batalla: “¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla?” Afirmó su propia identidad: “¿No soy yo el filisteo...?” Vio a los soldados de Israel como: “...los siervos de Saúl”.
El diablo no tiene derecho a cuestionar nuestra posición espiritual, ni nuestra manera de orar, de alabar y de adorar. Nuestra “orden de batalla” no le tiene que importar a él ni a sus servidores. No nos interesa que él se nos identifique, ya que por su apariencia y palabras discernimos quién es y quiénes son sus demonios asociados. Tampoco nos debe dar órdenes. Estas las da Jesucristo y los ungidos de Dios.
Goliat declaró: “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí”. Él sabía lo que decía y lo que quería. Los hombres escogen a su manera, pero solo Dios escoge ungidos. Cualquier contrincante escogido por el pueblo, Goliat lo haría papilla; pero a un ungido no lo masticaría, y menos lo digeriría.
Goliat habló muy seguro de sí mismo: “Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis” (17:9).
El diablo lo que busca es vencer al creyente quitándole la fe y haciéndolo su esclavo. Pero al creyente se le recuerda: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Stg. 4:7). El sometimiento a Dios implica una renuncia a la división y rebelión espirituales.
Goliat tenía el poder que los israelitas le habían dado y que creían que él tenía. Pero le faltaba autoridad. El creyente en Cristo Jesús tiene autoridad espiritual y tiene poder delegado por el Espíritu Santo. El nombre de Jesucristo y la Palabra de Dios dan autoridad; el Espíritu Santo y la sangre de Jesucristo dan poder.
Finalmente Goliat declara: “Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo” (17:10). Él veía el campamento de Israel, pero no el campamento de Dios. Creía que retaba a Israel, pero ignoraba que era al Dios de Israel al que estaba provocando. Le pedía un “chata” a Israel, pero Dios le tenía guardado a un campeón ungido que se había entrenado bien. Al campeón de la hora, Dios le tenía a un ungido de peso completo.
Las palabras de Goliat surtieron su efecto: “Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo” (17:11). Los que no están ungidos tienen oídos para escuchar las amenazas del diablo; le creen, se turban y le tienen miedo. Sus oídos se abren para recibir mensajes de derrota y de desánimo. Los verdaderos ungidos responden siempre a la voz de Dios y no se dejan turbar ni amedrentar de nada ni nadie. Estos responden siempre a una palabra de fe.
III. La persona
“Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén” (17:15).
En 1 Samuel 17:12 David es nuevamente presentado como el hijo de Isaí, el efrateo de Belén de Judá, padre de ocho hijos. En 17:13 se nos declara que los tres hermanos mayores de David llamados Eliab, Abinadab y Sama formaban parte del ejército de Saúl. En 17:14 se nos declara que “David era el menor”. En el plan y propósito de Dios los menores pueden ser usados para su gloria y honra. David aunque era el menor, para Dios ya tenía la edad espiritual que lo calificaba para ser usado.
Es interesante lo que leemos en 1 Samuel 17:14: “Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl”. Ellos seguían a un no ungido, pero David seguía a la fuente de toda unción. El que sigue a los no ungidos será un no ungido, pero el que sigue a Dios tendrá la unción de Dios.
En primer lugar, “David había ido y vuelto” (17:15a). El mismo que salía era el que regresaba. Por dentro y por fuera seguía siendo David. Los lugares no lo cambiaban, ni el público lo dañaba. En el campo o el palacio era el mismo. Los ungidos son siempre de una misma cara, de un mismo corazón y se conducen igual.
En segundo lugar, “dejando a Saúl” (17:15b). El ungido no puede permanecer mucho tiempo al lado de Saúl. El comportamiento y lenguaje de Saúl, después de mucho tiempo cerca de él, afecta al ungido. Él se cuida de no parecerse a Saúl y de no asimilar sus malas costumbres. El ungido está para ayudar a Saúl por lo que para no perder la unción, de vez en cuando el ungido tiene que retirarse al desierto con Dios.
En tercer lugar, “para apacentar las ovejas de su padre en Belén” (17:15c). David no era dueño de algún rebaño. Las ovejas no eran de él, eran de su padre. Con esto Dios le estaba enseñando a no hacerse dueño de algo, sino a ser un buen administrador de los bienes puestos bajo su cuidado.
En 1 Corintios 4:2 leemos: “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”. La fidelidad es la clave de todo buen administrador. Ante el dueño, el administrador es responsable, consecuente y fiel a lo encargado. En el administrador el propietario puede confiar, puede delegar y puede tener la seguridad que no le fallara. El ungido nunca se adueñará de lo que no es de él.
Los ungidos siempre tienen un corazón pastoral. Ellos sienten por las ovejas. En vez de las ovejas venir a ellos y buscarlos, ellos van y buscan a las ovejas. El espíritu pastoral debe ser una carga en los ungidos.
Conclusión
(1) El ungido no le permitirá a Satanás que lo intimide con palabras de derrota, sino que reaccionará a la palabra de fe. (2) El ungido reconoce su posición espiritual y de esa posición deriva su autoridad espiritual. (3) El ungido se cuida de los no ungidos y guarda su corazón pastoral.

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